Hasta que me lo cuentes

¿Otro más?

Tormenta

Después de la lluvia
el mundo se detiene
bajo la humedad de
esas gotas
finas
pequeñas
inmóviles
que hace apenas un rato
caían feroces.
El silencio de la calma
-¡bendita calma!-
se despliega,
se expande
igual que el cielo
azul
nocturno
estrellado
después del calor fatigoso
de cualquier día de verano.
Según van pasando los minutos
y la luz
el sol
emerge a brazadas
de la intensidad
blanca de las nubes:
empieza a surgir la vida
de nuevo.
La calma se despedaza
y el ritmo impenetrable
domina las calles.
Ahora sí hay tormenta.

Inspiración

Acudo a ti, inspiración,
porque llevo varias noches
echándote de menos.
Me pregunto por qué,
si es que fue verdad,
un día llegaste a mí y
me cogiste de la mano
como quien coge en el
trasluz de una ventana madrugadora
las motas de polvo
de la infancia.
De igual manera te sentí
levantarme como el aire agitado
con fuerza por una mano menuda
hace volar las estrellitas que
flotan en un rayo de sol.
Y aquí estoy,
como esa migaja suspendida,
sin saber ni cuándo ni cómo
sufriré los efectos de la gravedad
o se apagará la luz
que me hace brillar
y la magia de los vuelos infinitos
termine.
Ni si esto es imposible
que ocurra.
¿De dónde vienes, inspiración?
Que me pareces más complicada
que los amaneceres rosas
del mes de marzo.

Poema de otoño

Si el otoño fuera un estado de ánimo
me pasaría la vida sumergida en él.
Y en sus frías ráfagas de viento ansiosas
de acariciar todos y cada uno de mis pelos.
El naranja de la tarde reverberando
en las paredes encaladas me invita a pensar
y a navegar por entre sus matices.
No recordaba yo el otoño así,
hecho de estos olores vibrantes.
No soy lo suficientemente buena
para describir a qué sabe el aire de octubre.

Dímelo tú,
que estás hecho de eso.

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