Prisa

Para Elena

-¿Y de qué te habló?
-De muchas cosas. De sus estudios, de unos amigos, del equipo de fútbol, de perros, de México, de los colores y la vida, de lo que allí comen por Navidad, de cómo los niños sonríen cuando les das un beso, del tiempo, de su hermana, de la falda tan bonita que ella llevaba el día que cogió el avión para venir a España, cómo con cada salto que ella daba se le movía y parecía volar, cómo se balanceaba su cintura en la espuma blanca, de su trenza oscura, de los besos que le dio y de su carita rosa y mojada, de las ganas que tiene de volver a verla, de que le apetece ir a la playa, que me invita, que le encantaría hacer unas fotos de la costa española y que yo, con ojos de artista, podría ayudarle, de que nunca le ha dado miedo el mar, de que le encantan los animales y los barcos, de que algún día tendrá uno tan grande con el que podrá dar la vuelta al mundo y llevar consigo a su hermana, que es como de anémona, y a mí, si quiero, de que nunca había sentido prisa por nada en la vida y de que nunca se había cansado de esperar. Y se calló.

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