Bendita casa la tuya

Acuérdate.

Son irrecuperables esos momentos con olor a vejez consumida. A paredes abruptas abrigadas por áspera madera. Las gastadas sábanas duermen en aquellos cajones que fueron tuyos. Muchas de tus camisas, las últimas que te colgaste, cuentan las horas dentro de tus inmensos armarios, de mitad del siglo pasado. Dos vueltas de llave las aíslan del mundo exterior -nuestro mundo- y no les dejan ver tu amarillento dormitorio. Tan limpio como quedó la última vez, después de que te marcharas. Hoy los muebles están ennegrecidos por el paso del tiempo, pero el espejo sigue brillante, sin huellas, y la cama tan estirada como estuvo siempre. Qué suavidad la de esa antigua colcha marrón. Cuando apenas contaba los cinco años creía que era de piel de oso. El colchón, a la antigua. Con su funda de cuadros azules y blancos. Sé que había también muchas mantas. Cuántas siestas del mes de agosto en tu afianzada cama, viendo la tarde caer al otro lado de los cristales, que tiemblan cada vez que pasa un coche. ¡Esa adoquinada calle! Y después bajar la escalera corriendo, con el miedo en la nuca. La oscuridad era terrible; antítesis de lo que abajo murmuraba. En el patio, largo y ancho, con sus azulejos brillantes, profusamente acicalados, esperabas el frescor de aquellas noches. Las flores eran mágicas, reverberaban con la luz de la luna, al ritmo del agua de la marmórea fuente de pared y de los farolillos que a veces te gustaba encender cuando venían visitas. Pero sabías bien. El patio se llenaba de genialidad y encanto al dejarlos apagados. Y así sí que nos gustaba reír. ¡Qué cosquillas ahora al recordarlo! En uno de los extremos la luz brotaba de las ventanas de la cocina, pudorosamente escondida tras cortinas bordadas a mano. De sus hojas abiertas nacían voces de mujeres y olor a amor.

En aquel tiempo sabía bailarte y hacerte sonreír. A menudo reíamos juntos. Me querías a tu manera. Sabías hacerme feliz. Yo me dejaba hacer. De esto están hechos nuestro amor y nuestros días.

Bendita casa la tuya.

Acuérdate.

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3 comentarios en “Bendita casa la tuya

  1. Eres mi orgullo y tienes mi admiración.Realmente eres una artista y lo tienes en tu escritura. Que nunca se te olvide que vales mucho y que “bendita casa la tuya” me llena de un profundo amor hacia esa casa y hacia los míos y no habría mejor manera de poder describirlo todo como tu lo has hecho.¡SIGUE ASÍ! Te quiero…

    No te olvidamos abuelo..

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