Nacimiento de la primavera

A Moni

-No esperaré un minuto, un segundo más, a que vuelva la oscuridad –se dijo. -Que se esconda detrás de otra persona. Hace tiempo que me cansé de este invierno y de las gotas de lluvia trotando con ferocidad en el cristal –y mientras descorría las cortinas. Un rayo de luz más blanco que una nube se apoderó de la estancia. Le hizo retroceder. Durante unos segundos reflexionó sobre su decisión. – Que no. ¡Que no! No puedo seguir asustándome de la luz. ¡No tiene sentido anclarse a la facilidad del invierno! Que no, que no. Quiero sol, calor, flores para todos. De todos los olores, de todos los colores, de todas las formas. ¡Como los besos! –En un golpe de valentía abrió la ventana. De par en par. Y el viento cálido golpeó su cara. – Quiero esto durante muchos meses, todos los años. Que el mar despierte y el resplandor amanezca. Que repiqueteen las olas en la arena como un tambor. Ver a la bruma desperezarse cada mañana y a la brisa volar de flor en flor – sus ojos se asomaron a la ventana y miraron el mundo de abajo. Con una mano intentó acariciarlo, pero solo las puntas de los dedos consiguieron rozar la gran mole gris. -¡Qué decir del arcoíris! Y de las manos blancas de los niños mimando todo lo que encuentran. Lo quiero todo, y lo quiero ya. – El mar aplaudió y el mundo se volvió de colores.

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