Nuestra vida

Moriría contigo si eso
significara no dejar nunca
de besarte las manos.
Me tumbaría a tu lado
todos los días de mi eternidad
con tal de no perderme ni un
segundo tuyo.
Volaría agarrada a ti hasta donde
termina el infinito para recuperar
los momentos tuyos que no vi.
Me comprometería a no despertar
nunca de este sueño, y lo cumpliría.
No quiero la eternidad viva de dejarte,
sino la vida muerta en ti.
Si vivir significa no estar contigo,
no quiero ya vivir.
Ganaré la vida que tú me das
aunque suponga morir.
Prometo solemnemente
morir contigo y no vivir sin ti.

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Como mil toneladas

Porque no puedo aguantar
la mirada,
y su peso se deja caer
aquí dentro, plomizo,
de los ojos.

Busco respuestas a
los quereres que
me llevan
a deshacer el reloj
y detener al viento,
cuando el viento quiere
deshacerme a mí
y el reloj, desbocado,
ansía pararme.

Miles de calendarios
me recuerdan que
el peso, aquel, que
una vez se dejó caer,
-¡quién sabe hace cuántos
vientos! ¡Quién sabe hace
cuántos relojes!-
se evaporó de mis manos.
Y luego, al quedarse vacías,
quise encontrarlo, plomizo,
en los ojos.
Ni estaba en las noches,
ni estaba en el cielo,
ni siquiera en los sueños
pude encontrarlo.

Porque dejé de aguantar
la mirada,
y su peso se hundió
en lo oscuro, plomizo,
lejos de mí.

Tú, mito

No me digas que vienes,
que no estás.
No me digas que vendrás,
que no estás.
No me digas que viniste.

Que no estás.

Verte de cerca,
sería lo que más me gustaría.
Pero no estás.
Saber si puedo tocarte,
dejaría al cielo derramarse.
Pero no estás.
Creerte en tu mentira,
convertiría en eneros los recuerdos.
Pero no estás.

Querer quema
tanto como volar.