El mundo no viene

Llorar, y llorar, y llorar,
igual que se deshace el
calor en interminables
horas de verano.
Sentir que el sol carraspea
rítmico en las sombras
que hacen tus árboles en
el patio.
Se mece el rosal como una
cuna, rompiendo el cantar
contra el muro.
Qué dolor al ver que igual
que el viento golpea sus hojas
la vida nos balancea en el
intermitente palpitar del alma,
tan efímero como el mundo
que creíamos nuestro
y que se queda.

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