Como mil toneladas

Porque no puedo aguantar
la mirada,
y su peso se deja caer
aquí dentro, plomizo,
de los ojos.

Busco respuestas a
los quereres que
me llevan
a deshacer el reloj
y detener al viento,
cuando el viento quiere
deshacerme a mí
y el reloj, desbocado,
ansía pararme.

Miles de calendarios
me recuerdan que
el peso, aquel, que
una vez se dejó caer,
-¡quién sabe hace cuántos
vientos! ¡Quién sabe hace
cuántos relojes!-
se evaporó de mis manos.
Y luego, al quedarse vacías,
quise encontrarlo, plomizo,
en los ojos.
Ni estaba en las noches,
ni estaba en el cielo,
ni siquiera en los sueños
pude encontrarlo.

Porque dejé de aguantar
la mirada,
y su peso se hundió
en lo oscuro, plomizo,
lejos de mí.

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