Rutina

No pierdo nunca la sensación
(que es real)
de que a pesar de
los dolores,
el camino,
los miles de metros,
las toneladas de sinsentidos que dejó,
sigue aquí
llenando las noches vacías y
almacenando oxígeno y
dándomelo cuando me falta y
haciéndose de rogar
con su presente latir,
con su presente beso,
con su no aceptada derrota.

Y se quema al salir el sol cada mañana,
se derrite, se evapora, se esfuma.
Entonces es cuando
con más tranquilidad me quedo
aunque sepa que,
cuando el día se rompa y llegue la noche,
volverá a llamar a mi puerta,
volverá a meterse en mi cama,
volverá a esperar que la mañana
no se abra.

Con la sucesión de las horas
se vuelven más y más imposibles
sus ansias de quedarse aquí siempre,
la vocación de eternidad de su sonrisa,
su afán de ser por siempre noche de verano.

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