Otra vez, septiembre

Y antes de que nadie
se diera cuenta, volvió
el otoño, tan seco. Y
tan mojado a la vez.

Volvieron los colores
de arenas,
volvieron las brisas
afiladas.
Y pasaron los días.
Intermitentes.
Volátiles.
Sumergidos en melancolía blanca.

Como segundos de un reloj,
las incontables horas
de los días de mi calendario.
¡Y nadie está esperando!

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Te adelantaré (II)

Publicado en Alborada

Y la mentira se nos convirtió
en verdad
antes de que el cielo
alumbrase un nuevo invierno.
Lo que desde siempre fue
negado, la risa,
hoy se consume
en un fuego apagado
y se convierte en ceniza
tan pesada
que el viento se debate
entre ella y el plomo,
los mil kilos de plomo
-toda una tonelada-
que dejaste aquí,
en la que fue tu casa.

Maldita sea la magia que
te llevó, habiéndote traído
antes,
cuando el sol lloraba calor
y yo jugaba a esconderme.

Vete, vete y no vuelvas.
Nadie te reconoce aquí, en
esta casa que dejaste ardiendo
bajo una lluvia seca de
un mes de julio.
Que me come.

Guárdate, guárdate la buena
educación para el espejo,
que es el único capaz de
soportar tus mentiras en
las miradas, los engaños en
tus sonrisas, los juegos de
malabares que durante
mucho tiempo tan bien
has aprendido a hacer.

Acuéstate, acuéstate esta noche
en una habitación
donde las horas sí pasen,
que en esta, de la que te
marchaste,
los relojes nunca funcionaron,
porque así me enseñaste tú.

Duérmete, duérmete, no quiero
ver tus ojos una vez más.
La mentira, el diablo, la maldad,
se te transparentan en
los fieros dientes.

Cierra, cierra los ojos.