La explosión 

Mi única manera de vivir 

es vivir 

en una vida irreal. 

Con luces y sombras 

irreales, 

con imágenes 

irreales, 

con personas 

irreales, 

en un mundo irreal. 

Y vivo y muero también 

unas cien veces al día 

de una forma tan real 

como irreal, 

que al final resucito 

de entre mis cenizas 

irreales. 

Irreales como 

la maldita imaginación 

que las alimenta, 

que alimenta 

mis cenizas, 

mi mundo, 

mis vidas y mis muertes 

hasta que al final 

el universo al que pertenezco 

explota 

en una realidad 

tan dolorosa 

como que el día es día 

y que las horas pasan. 

(Y nadie viene). 

Septiembre 

Septiembre que llegas

y me desnudas

el alma,

los ojos,

el cuerpo

y los besos que tengo por dar. 

Eres caos.

En mi habitación,

en mi cabeza,

en todas las cosas que tengo que hacer. 

Caos.

Mientras llueves

con tus mentiras sobre nosotros.

Sobre mí. 

Haciéndome creer que durarás 

para siempre. 

Entre ti

y otra vez septiembre 

la eternidad

de un año entero 

y los setecientos versos 

que te quiero

escribir,

a ti y 

a tu luz

y a la forma en la que 

por ti pasa el tiempo. 

Ojalá fueses eterno. 

Y que la película de mi vida 

se llamase septiembre.